Tan admirador soy de Eloy Alfaro, el empresario, estadista, revolucionario de verdad y “El mejor ecuatoriano de todos los tiempos”, que en noviembre del 2007 en la pagina 180 de mi libro “INSPIRACIONES” (melvynherrera.com) escribí sobre él y en la 76 consta “Alfarada” cantata que el geniecillo de mis neuronas me dictó y musicalizó y con ella el año que pasó aporté a la Primera Opera sobre este prohombre presentada por el prestigioso maestro Ángel Muentes.
Quienes amamos la libertad que nos permite crear y emprender, tanto le debemos al montecristense Alfaro, que no comprendemos que sus luchas y ejecutorias tan de avanzada como el laicismo y el ferrocarril las hayan ignorado los ecuatorianos de esos tiempos, quienes -como sucede ahora- azuzados por perversos, lo asesinaron y quemaron en la “Hoguera Bárbara”, en lo que el charapotense mandatario de entonces, Leonidas Plaza G. se hizo de la vista gorda. Desde ahí quizás surge el repetido “Manabita come manabita¨.
Varias generaciones después, el rigor de la historia y el progreso de la patria con el laicismo que Alfaro instauró, hizo que pese a lo olvidadizos e ingratos que somos, de a poco reconozcamos lo patriótico de este ser y lo denominemos como consta en líneas arriba. Algo así, pero en menores dimensiones ocurrió con otros presidentes que hicieron gobiernos con relativa paz y progreso; pero con Velasco Ibarra fuimos de lo más problemáticos y así como lo elegíamos lo derrocábamos; al extremo que con sus dictaduras y todo fue 5 veces presidente de nuestro país. Increíble.
Refiero lo anterior porque ahora un ex banquero, medio manabita, valiente y audaz -en el mejor de los sentidos- quien en 2017 fue elegido y un “apagón” le robó la presidencia que luego democráticamente logró en 2021, luego de encontrar al país con pandemia, sin dólares en caja, súper endeudado, corrompido hasta más no poder, obeso de burocracia, con legislativo y judicial hostiles a él y con sus muchos seguidores resentidos por no despedir a los burócratas actuales para darles los cargo a ellos, y así y todo, inicialmente en 100 días nos vacunó contra el Covid-19 subiendo su popularidad a más de un 70%, para luego luchar contra las mafias del narcotráfico e iniciar la reactivación económica doméstica; simultáneamente lo hizo con la macro del país logrando excelentes resultados, alabados internacionalmente, pero no por los ingratos beneficiados, nosotros. Por ello, en menos de dos años, con la casa ya en orden y con algo de liquidez que posibilita aumentar la inversión social, quienes son apoyados por los perdedores que son poseedores de mucho dinero mal habido, buscan amnistiar a fugitivos y enjuiciados con fantasías que buscan destituir al actual presidente, a quien solo falta lo acusen de la muerte de Jesús.
La historia y las generaciones que vendrán -como sucedió con Alfaro- quizás reconozcan y den buena fe de las desgracias superadas y de todo lo positivo que sanos y reactivados ya empezamos a vivir, siendo esto que los equivocados intentan impedirnos.
