
Melvyn O. Herrera C.
melvynherrerac@hotmail.com
Periodista – Articulista.
“Café Chapineros”
El aumento, no solo en nuestro país, de locales donde se expende café, los que compiten con sus marcas nacionales e internacionales; también, por la satisfacción de que publicaciones dedicadas a estimular actividades afines, hayan ubicado a varias cafeterías de Quito, entre las mejores de este continente, a este “Contador de Historias” lo motivó a contarles una que involucra buena parte de mi niñez y temprana juventud, las que se desarrollaron bajo la influencia del “Café Chapineros”.
El caso es que en Quito, allá por 1940, hace 86 años, mi idolatrado padre con sus ahorros, y por el hecho de conocer a una dama cuya madre, Mercedes Zuriaga, quien, por ser costeña, y en Quito, ella preparaba una inigualable esencia de café, siendo su hija, ahijada de unas importantes damas quiteñas, poseedoras de un gran caserón en el mismísimo centro de Quito, a pocas cuadras de Carondelet, la Catedral y el Municipio; el hecho es que, repito, hace 86 años, en Chile 915 y Flores, mi padre fundó, pensaría, en ese entonces, el primer y único café de Quito: “Café Chapineros”.
El pequeñísimo pero acogedor local, de apenas 4 mesas con sus mostradores, cocina, etc., satisfizo de inmediato las necesidades de importantes personajes del Estado, Municipio y naciente banca y turismo, por la calidad del café especialmente, al que acompañaban los deliciosos sándwiches de pernil, quesos y quesadillas, entre otros manjares.
Años después, el cambio de mi padre, de su trabajo del Ministerio de Gobierno hacia la naciente Comisión de Tránsito del Guayas, como examinador, previo a la concesión de licencias de manejo, hizo que él liquide la mencionada sociedad; pero este servidor, en las estudiantiles vacaciones guayaquileñas y en mis iniciales años juveniles, desde el cercano y familiar domicilio en Espejo 516 y Almeida, casi a diario acudía a “Café Chapineros” para “comedidamente” hacer las compras en el mercado de San Roque y algo más, a cambio de -adivinaron- un cafecito y su bocado acompañante.
Como el tiempo no se detiene, siendo yo un adulto y con otros rumbos en mi vida, esporádicamente, cuando iba a Quito, nunca dejaba de visitar el café de marras; hasta que la ex socia de mi padre, que mencioné al principio, con muchos años a cuesta y ya sin su madre, quien había fallecido, me ofreció vender a precio de gallina enferma, casi regalado, el antiguo y próspero negocio que fundaron con mi padre. Siendo imposible lo anterior, le sugerí que generosamente lo ceda mejor a las 3 damas, a quienes yo conocía, y que por tantos años la habían acompañado. Hace poco tiempo, volví a Quito y visitando el lugar, comprobé sin detalles, que así había sucedido, lo que mucho me satisfizo. Por su exitosa permanencia en estos 86 años de vida, “Café Chapineros”, pese a la competencia, pienso que es una reconocida marca. Conociendo que un amigo mío está por instalar un negocio afín en este Manabí querido, le sugiero que a su actual iniciativa le ponga el nombre título de esta historia. Por ello, gracias anticipadas a este amigo y a los generosos lectores por su paciencia.
Manta, octubre 1 de 2026
Qué hermosa crónica, Melvyn. ‘Café Chapineros’ no solo es un negocio, es un pedazo de historia quiteña y familiar que trasciende 86 años. Da gusto saber que, pese al tiempo y los cambios, el legado de tu padre y la esencia de ese café siguen vivos. ¡Gracias por compartir esta joya de memoria!
Magnífico comentario de tu exitosa vida estimado Melvin «Café Chapineros»